mayo 18, 2021

Atilio Pérez Nahuelhual (39) es nacido y criado en Ranquilhue, un sector cercano al lago Lleulleu, donde vio desde pequeño en las tradiciones del pueblo mapuche. En algún minuto de su vida se alejó de su hogar para estudiar, pero por falta de recursos no pudo continuar,. Entonces, regresó al lugar en el que se crió para dedicarse a trabajar la tierra.  

Hoy, Atilio lleva más de 16 años desempeñándose como agricultor. Trabaja cada mañana para producir la papa, uno de los alimentos y cultivos más populares del pueblo del sur. Conocido en mapudungun como “poñi”, la papa que se cultiva en Tirúa se diferencia de la oferta que podemos encontrar en otros campos por su sabor y textura. Además de ser cultivada en una zona libre de enfermedades, lo que permite resguardar características especiales de los suelos donde se planta este tubérculo, ganándose un nombre en la zona costera de la provincia de Arauco. 

Atilio ha realizado su oficio a través del conocimiento de distintas generaciones, cosechando la papa cada temporada para luego venderla en la ciudad. Aunque reconoce que en los últimos años se ha vuelto cada vez más complicado conseguir grandes cosechas. 

Su situación no es muy distinta a la de sus pares. Debido a esto, a mediados de 2018, campesinos de comunidades aledañas decidieron asociarse bajo la Cooperativa Agrícola Pérez Kume Poñi. Así comenzaron un proceso para llevar a la papa de Tirúa a tomar un valor agregado y un rol protagónico desde la región del Bío Bío.

Poñi, papas de Tirúa

Si bien el conocimiento ancestral ha permitido diferenciar a la papa de otras cosechas, Atilio Pérez, representante de la cooperativa, relata que el desgaste de los suelos junto con la poca oferta de fertilizantes en los pueblos cercanos, hacía imposible seguir produciendo grandes cantidades. Fue a finales de 2019, cuando los agricultores cosechaban cerca de 40 toneladas de papas anuales, que comenzaron a trabajar con CMPC para comercializar sus productos bajo el nombre “Poñi, papas de Tirúa”.

La marca “Poñi” nace como una forma de entregar un sello a las producciones provenientes de Arauco. Francisco Fuentealba, asesor agrónomo de multiproyectos de CMPC, explica que hoy son 13 familias las que trabajan con la cooperativa, con el objetivo de “poder sacar adelante el sueño que han albergado por muchos años los agricultores de aumentar su producción”.

La iniciativa –parte del “Proyecto Lleulleu”, un conjunto de programas que van en apoyo de los vecinos del sector– consistió en entregar asesoría técnica para que los agricultores utilizaran herramientas tecnológicas en el proceso de plantación de la semilla, junto con el apoyo de diversos insumos como fungicidas, fertilizantes e infraestructura. Esto ha permitido alcanzar mayores producciones, cercanas a las 200 toneladas, y aumentar la superficie del cultivo de 5 a 19 hectáreas.

Sello de origen

Atilio Pérez reconoce que al aprender nuevas técnicas han cambiado su forma de trabajar. “Nos dimos cuenta de que teníamos que hacer análisis de suelo y una pila de cosas más para poder conseguir los resultados que hoy tenemos” explica el agricultor. Dice que no ha sido fácil, ya que ha requerido que toda la comunidad se capacite y esté preocupada por el desgaste del suelo y el cambio climático.

Francisco Fuentealba de CMPC, explica que la cooperativa de Tirúa ha vivido esta transición comprobando in situ los resultados. Un cambio cultural que en el último año vio incrementada la producción en un 70 por ciento, obteniendo no solo mayor volumen, sino que también una mejor calidad. 

Junto con plantar papas, la cooperativa Pérez Kume Poñi también consiguió acceso a semillas seguras, lo que permite que los agricultores cuenten con material genético de calidad que no afecte a futuras cosechas. “Para la temporada que viene ellos ya produjeron su propia semilla, lo que también significa proveer al sector y a otros vecinos, siendo una alternativa para los pequeños productores conseguir una muy buena semilla”, comenta Fuentealba. 

El trabajo detrás de Poñi, además de aumentar la producción, también busca consolidar la denominación de origen de su producción y semillas, levantando a la papa de Tirúa al mismo nivel que la langosta de Juan Fernández, la sandía de Paine o el limón de Pica. “Estamos velando por el amor al campo, porque la calidad que cada vez se mantenga y poder darle un realce con todo lo complicado que se vive en esta zona, de poder mostrar que acá también pasan cosas buenas exportando una papa de calidad”, enfatiza Atilio Pérez.

Tras fortalecer las condiciones en que se cultiva la papa en Tirúa, el proyecto Poñi contempla una segunda etapa, que busca incluir la papa cosechada en cadenas de comercialización, que decanten en mayores ingresos a las comunidades. “Esperamos que de aquí a dos años Poñi esté posicionado en supermercados, casinos de la empresa, lugares donde se consuma la papa y que se reconozca como un producto típico de Tirúa y LleuLleu”, explica Mauricio Parra, jefe de Asuntos Públicos de CMPC, quien también anhela que en el futuro próximo pueda existir productos elaborados a partir de la papa de la zona.

Mientras tanto, las comunidades de Tirúa sueñan con un mayor desarrollo de la agricultura del sector, mezclando el legado de las tradiciones con el apoyo técnico para cuidar para más generaciones la cosecha de la papa. “Uno es parte de la tierra, somos respetuoso de ella y queremos seguir creciendo respetando su sabiduría”, dice Atilio Pérez.