Ñocha Malén: 15 artesanas al rescate de un tejido ancestral

La artesana mapuche lafquenche Juana Maribur nunca imaginó que su trabajo la llevaría tan lejos. Tan lejos como Francia. En 2017, la agrupación que ella preside, Ñocha Malen, fue seleccionada para participar en la prestigiosa Bienal Révélations realizada en el Grand Palais de París.

Chile fue el país anfitrión de la muestra con motivo de la celebración de los 100 años de Violeta Parra y Juana estuvo ahí representando a 15 cesteras de la localidad de Huentelolén, comuna de Cañete, que heredaron de sus madres y abuelas el arte de tejer con ñocha.

El colectivo Ñocha Malen, “mujer de ñocha” en mapudungún, se creó gracias a una iniciativa impulsada por la gestora cultural e historiadora Claudia Hurtado y desarrollada por CMPC.

El objetivo era rescatar y fomentar este tejido ancestral que se estaba perdiendo debido a la escasez de la ñocha, una fibra vegetal que crece de manera natural y es endémica del sotobosque nativo y de las plantaciones forestales de la Cordillera de Nahuelbuta.

“Con el fin de facilitar su cosecha y mantener vivo el oficio, en 2005 construimos invernaderos en las casas de las artesanas”, cuenta Mauricio Parra, jefe de Territorio Costa de Relaciones Comunitarias de CMPC.

“Lo primero fue recolectar la planta y reproducirla en nuestros laboratorios para luego llevarla en sombreaderos a sus hogares”, explica Parra.

Después vino una segunda etapa en la que asesoraron a las tejedoras en materia de diseño, innovación y comercialización, siempre respetando la tradición cestera que ellas tenían, para así llegar a formar la agrupación en 2012.

Les enseñaron, entre otras cosas, a determinar el precio de sus obras y “nos ayudaron a hacer mejor nuestro trabajo para que tuviera más valor”, dice Juana, quien en 2015 obtuvo el Sello de Excelencia a la Artesanía de Chile con su panera Nial Arre Cofque, “para tener el pan caliente”, una pieza que combina el tejido en ñocha con el telar.

DE CAÑETE AL MUNDO

Ñocha Malen ha ido evolucionando con los años y las tejedoras pasaron de hacer cestería principalmente utilitaria, que sus antepasados usaban para almacenar alimentos o limpiar granos, a confeccionar objetos de decoración y lámparas que hoy se venden en distintas ferias a lo largo de Chile, como la Muestra de Artesanía UC o el espacio de arte contemporáneo FAXXI.

Desde 2017 las lámparas también pueden comprarse en Europa gracias a una alianza que estableció el colectivo nacional con el proyecto PET Lamp, que combina la reutilización de botellas de plástico PET con técnicas de tejido tradicionales.

El diseñador madrileño Álvaro Catalán de Ocón, fundador de PET Lamp, se maravilló con el trabajo de estas artesanas y les propuso desarrollar la línea PET Mapuche. Así, todos los años ellas tejen entre 20 y 25 lámparas que se envían a España para su comercialización.

“De repente nos cuesta un poco cumplirles, porque cada una tiene sus cosas, pero ellos nos esperan con paciencia”, dice Juana Maribur entre risas. Y como la idea es que Ñocha Malen siga consolidándose, algunas tejedoras hoy dictan talleres para capacitar a otras mujeres y sumar nuevas integrantes al grupo.

“Al principio yo no quería ser monitora, me daba miedo no caerle en gracia a la gente. Pero Prodemu me inició como maestra y ahora estoy haciendo un taller a 15 artesanas en la escuela de oficios que se inauguró hace poco en Cañete”, cuenta Juana orgullosa. Hoy hay varios actores involucrados en el proyecto, como Indap y Corfo. “Queremos empujar esto y que no se pierda la tradición del tejido con ñocha. Si ellas dejan de tejer, este arte ancestral muere”, asegura Mauricio Parra de CMPC.

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