septiembre 16, 2020

La Fuente de Soda “Donde la tía”, ubicada en la calle Irarrázabal -frente a la cárcel de Puente Alto- fue uno de los tantos negocios que se vieron afectados por la crisis sanitaria y económica causada por el coronavirus.

Tras haber disminuido sus ventas y sólo poder atender mediodía debido a la extensa cuarentena impuesta por las autoridades, que a la fecha cumple 22 semanas consecutivas debido al alto número de contagios, su dueña, Patricia del Carmen Carrillo, tuvo la oportunidad de abrir de nuevo, pero con otro motivo: preparar almuerzos para los vecinos de la comuna.

El trabajo de Patricia se realiza con el apoyo de la empresa CMPC, bajo la iniciativa CMPC Solidaria que se está llevando a cabo en Puente Alto, y que busca ayudar a cientos de familias, entregando 200 almuerzos diarios, es decir, un total de 12.000 raciones en dos meses, de los cuales 50 son preparados por la fuente de soda “Donde la tía” y serán entregados a adultos mayores; 100 corresponden a la olla común organizada por la junta de vecinos Unión y Progreso, liderada por Macarena Gárate, para sus propios vecinos; y los otros 50 serán preparados también por la misma junta de vecinos, pero que serán distribuidos a hogares de otras localidades de la comuna.

“Qué alegría cuando una persona sale a recibir su almuerzo”

Para poder ayudar la gestión que realiza Patricia, el martes 15 de septiembre, el gerente general de la filial de productos de cuidado personal e higiene de CMPC, Softys, Gonzalo Darraidou, y el gerente de Asuntos Corporativos de CMPC, Guillermo Turner, llegaron al mediodía a la fuente de soda para ayudar en las labores de preparación y distribución de las raciones.

Luego, los ejecutivos repartieron la comida a diversos vecinos de diferentes calles de Puente Alto, especialmente adultos mayores. Esta labor la realizaron acompañando a Luis Toledo, transportista escolar que con el cierre de los colegios quedó sin trabajo, pero que con el apoyo de CMPC Solidaria pudo continuar generando ingresos y enfrentando la difícil situación económica a través de la entrega de los almuerzos.

Según Gonzalo Darraidou, “poder ver la sonrisa de esa gente, la alegría, el cariño, que se sientan queridos es algo que a uno le enriquece. Qué alegría cuando una persona sale a recibir su almuerzo. Sabe que llega calentito, que va a tener un momento de felicidad, que lo va a compartir en familia”.