marzo 25, 2021

La Araucanía vuelve a encabezar los titulares por el recrudecimiento de la violencia. No debiera ser así. No solo porque todos queremos una región en paz, sino porque confirma lo que varios hemos planteado: este problema se atiende solo cuando arrecian los atentados.

Esta aparente desidia, sumada a la inacción, falta de acuerdos, promesas incumplidas y gestión pública deficiente, no hace más que alimentar el conflicto y, con ello, el problema se vuelve circular. Es decir, la violencia se convierte en instrumento para llamar la atención.

Comunidades mapuches priorizadas, con papeles en regla y opción de compra, observan por estos días con desconcierto cómo activistas de otros lugares llegan a ‘marcar’ predios. Ello lleva a que vecinos pacíficos se sumen a esta ‘ola de marcaciones’, con tal de no verse excluidos de lo que, según creen y equivocadamente se especula, puedan ser futuros procesos de traspasos.

No estoy planteando que hoy estén las condiciones para abordar la demanda de tierras, aunque por supuesto que es un asunto pendiente y que no guarda relación exclusiva con el sector forestal, como algunos insisten en plantear.

Lo urgente es la restitución del orden y la seguridad, una tarea que corresponde a las policías, fiscales y jueces. Para su actuar, además de progresos operativos, se requiere de una condena unánime de la violencia, incluyendo a quienes pretenden justificar los ‘impulsos vengadores’, del origen que sean.

Hace bien el Presidente en llamar a un acuerdo nacional en este sentido. Estos graves hechos no son responsabilidad exclusiva de esta administración. Es el fracaso del Estado y de la clase política en todos los gobiernos, como afirma el senador Huenchumilla, pero también el fracaso o la inacción de todos nosotros. Vale la pena reconocerlo, porque desde la autocrítica podemos construir una mejor solución.

También son un avance los llamados controles mixtos, ojalá incluyendo al SII y Conaf, en particular para frenar un robo industrial de madera que financia y motiva parte relevante de esta violencia, con más de un millón de metros cúbicos al año (unos 28 mil camiones con su acoplado repletos de madera).

Estamos frente a un conflicto multidimensional y solo así puede y debe abordarse. Pero no podemos dejar que la fiebre (es decir, la violencia) pase de síntoma a ser causa de muerte para el ‘enfermo’.