noviembre 3, 2020

“Tejía mi bisabuela, mi abuela, mi mamá y ahora yo. Para mí es importante porque lo hacían mis ancestros y es algo que no quiero que se pierda y me gusta hacerlo. La idea es enseñarlo y traspasarlo, y aunque tengo puros hijos varones, todos saben tejer. Tengo que tratar de que no se pierda la costumbre”, asegura Dania Morales.

Es bajo ese sentimiento que esta artesana mapuche oriunda de la comuna de Collipulli, región de La Araucanía, ha trabajado durante 10 años confeccionando telares de lana de oveja y teñidos con hojas de árboles -un proceso natural que mantiene el legado mapuche sobre la conciencia y cuidado por el medio ambiente- y que los comercializa en su propia Ruka Domu Gürekave, la que es parte de la cooperativa Etnoturismo Huapitrio desde 2018, donde se congregan varios emprendimientos y pequeños comerciantes de Collipulli.

Pertenecer a esta ruta turística le ha dado la oportunidad de expandir su negocio de confección de telares y diversificar su clientela. La confección de estos textiles viene acompañada de una experiencia en la propia ruka de esta emprendedora, donde los visitantes tienen la posibilidad de adquirir los tejidos y sumarse a una comida tradicional mapuche, todo atendido y preparado por su propia dueña.

Su arte y su dedicación ante cada visitante permitieron que el negocio de Dania creciera durante los años. Pero todo cambió con la pandemia por el coronavirus.

El turismo -junto con otros rubros como la gastronomía, por ejemplo- ha sido uno de los más golpeados por las crisis sanitaria y económica que vive el país desde marzo pasado. Y es que los largos confinamientos y las restricciones de tránsito entre regiones paralizaron la actividad de esta emprendedora.

Pero su espíritu comprometido y perseverante la llevó a ingeniárselas y a atreverse a salir a buscar a los clientes para poder mantener vivo su negocio: instaló un carro en la calle en el que vende sus telares y productos alimenticios. “Tengo que ir a donde me compren”, asegura Morales.

“Aunque tenía mucho miedo al principio con la pandemia, como personas debemos tomar las precauciones como tiene que ser y salir adelante igual, lo que tenemos es tratar de vivir con esto. Yo tengo la esperanza de que retomemos todo de nuevo”, expresa.

Gracias a su esfuerzo e ingenio, Dania ha podido mantenerse activa, pero hoy en día está lista para volver a abrir las puertas de su ruka cuando las autoridades lo permitan, de manera segura y siguiendo todos los protocolos sanitarios establecidos.

Es que esta artesana, al igual que más de 500 emprendedores de las regiones del Biobío y La Araucanía, es parte del programa Arriba Todos Juntos, impulsado por CMPC, que busca apoyar a pequeños y medianos comerciantes, emprendedores y a gestores del sector de turismo, con planes, kits y protocolos sanitarios que permitan la reactivación económica de manera segura.

“Es una buena iniciativa de parte de CMPC que se preocupó y no nos dejó solos. Nosotros en el campo no teníamos estas cosas de higiene y para nosotros este es el tiempo cuando uno más necesita de esas personas que le pongan la mano a uno, que den apoyo, así que es muy importante”, asegura la emprendedora.