julio 28, 2021

A orillas del lago Lleulleu cuyas aguas están consideradas entre las más limpias de Sudamérica, según la Dirección General de Aguas (DGA), partió un ambicioso plan de restauración y reforestación que busca mejorar la calidad de vida de las comunidades mapuche que habitan la zona, y preservar su cultura y tradiciones. 

Raulí, roble, quillay, arrayán, araucaria araucana y coihue son los ejemplares que han cultivado las familias dentro de los 19 viveros levantados para estos fines, tras un inédito proceso de trabajo conjunto entre 14 comunidades del sector y CMPC, viveros que ya alcanzan una producción de cerca de 100 mil plantas nativas para la restauración y 70 mil en germinación. 

En estas instalaciones, que comenzaron a operar a mediados de 2019, trabajan aproximadamente 150 personas, de las cuales 95% son mujeres, muchas de ellas jefas de hogar. Además, generan otros 35 empleos indirectos relacionados con la alimentación y el transporte, a los que posteriormente se sumarán las cerca de 50 personas que irán a plantar estas especies nativas a lugares que asegurarán su propagación de manera estable. 

Según comenta Augusto Robert, gerente de Asuntos Corporativos de CMPC Zona Sur, ha sido clave que estos viveros sean gestionados por pequeñas empresas conformadas por miembros de las comunidades mapuche de la zona, quienes a su vez contratan a trabajadores que también pertenecen a ellas. “Esto ha generado un círculo virtuoso entre las necesidades de mejoramiento de la calidad de vida de las personas y preserva su entorno natural que les permite mantener sus tradiciones”, dice el ejecutivo de CMPC.

Cabe destacar que este trabajo se ha hecho en conjunto con la Corporación Industrial para el Desarrollo Regional del Biobío (Cidere) y la Universidad del Desarrollo, que elaboraron un plan de negocios para la producción y comercialización de los viveros.

 

PLAN INTEGRAL 

La iniciativa de reforestación llamada “Proyecto Lleulleu” se enmarca en el plan integral de desarrollo zonal, donde CMPC junto a las comunidades trabaja en programas que permiten aumentar la empleabilidad, terminar con la deserción educacional, mejorar la infraestructura comunitaria, dar acceso al agua para consumo humano y riego, potenciar el turismo y generar alianzas para fomentar iniciativas de desarrollo. 

“CMPC ha enfocado su plan de relacionamiento comunitario buscando implementar soluciones concretas, y en el menor tiempo posible, a problemáticas que surgen tanto de un acabado diagnóstico de cada zona de intervención como del diálogo con las comunidades involucradas”, afirma Robert. 

La compañía cuenta con más de 390 comunidades mapuches vecinas a sus operaciones forestales, fomentando espacios de diálogo permanente, así como proyectos conjuntos de desarrollo, que abarcan desde emprendimientos productivos hasta resguardo de sus sitios culturales. 

De la mano de los viveros, el “Proyecto Lleulleu” también contempla mejoras en el equipamiento e infraestructura, como aspectos sanitarios, arquitectónicos y de comercialización de las actividades turísticas. De hecho, se dotará de infraestructura a las comunidades mapuche, construyendo cerca de 10 sedes comunitarias y realizando el mejoramiento de escuelas e iglesias. 

 

EDUCACIÓN 

Un problema también detectado en estas largas conversaciones entre los representantes de las familias y los de la empresa es la alta tasa de deserción en la educación superior. 

Por ello, el “Proyecto Lleulleu” incluyó de forma permanente un trabajo con los jóvenes, donde se les otorga acompañamiento, talleres, tutorías académicas, asesorías para la empleabilidad y becas económicas mensuales. Hasta ahora, 215 estudiantes se han visto beneficiados con este programa que se ha desarrollado en alianza con una fundación especializada. 

Así también en el área de educación y para ayudar a la empleabilidad de los vecinos, se incorporaron cursos y talleres de formación de oficios gratuitos en áreas como turismo, forestación, producción de plantas, administración, higiene y manipulación de alimentos. 

 

EMPRENDIMIENTOS 

Además, en las distintas instancias de conversación que se han mantenido surgieron dos iniciativas para fomentar el emprendimiento: el fortalecimiento del cultivo de la papa y lograr una producción de leña más sustentable. 

Entonces, a fines de 2019, cuando los agricultores cosechaban cerca de 40 toneladas de papas anuales, comenzaron a trabajar con CMPC para comercializar sus productos “Poñi, papas de Tirúa”, marca que nace como una forma de entregar un sello a las producciones provenientes de la provincia de Arauco. Hoy son 13 familias las que trabajan en la conformada Cooperativa de Productores de Papas, con el objetivo de poder sacar adelante el sueño que por muchos años han albergado los agricultores: aumentar su producción. 

A este proyecto se suma el desarrollo de un polo productivo de berries, apicultura y hortalizas. 

Para que las plantas nativas perduren en el tiempo, se han construido 20 pozos profundos para riego de los viveros y proyectos agrícolas. No obstante, la cantidad de agua encontrada permite dar una solución definitiva a la falta del vital elemento para consumo humano para muchas familias en el sector. Por tanto, CMPC en conjunto con Desafío Levantemos Chile desarrolla la iniciativa “Desafío Agua para Chile”, que aborda soluciones expeditas a esta problemática. 

También en el corto plazo ya estará conformada una cooperativa de producción de leña certificada, en la cual cinco comunidades trabajarán en el manejo sustentable de 500 hectáreas de bosques de su propiedad, generando un producto amigable con el medio ambiente y oportunidades de empleo e ingresos. 

Todo el conjunto de iniciativas que están actualmente en plena ejecución ha permitido crear en la zona cerca de 400 empleos en manejo forestal; prevención y combate de incendios; restauración de bosque nativo, construcción y turismo. 

“La industria forestal y sus productos derivados no solo representan una respuesta sustentable y renovable a la creciente demanda por productos provenientes de soluciones basadas en la naturaleza, sino que también constituyen una herramienta poderosa para el desarrollo de las comunidades locales”, concluye Augusto Robert.